Oct
10
    
Escrito (na) el Reflexiones a las Octubre-10-2008

Hace aproximadamente un mes me compré la colección completa de Mafalda. Había leído practicamente todas sus historietas de más chico, pero en compilaciones y en algunos de sus números; aún así había cosas que no había leído.
Mientras viajo al trabajo hay pocos consuelos, no porque me disguste ir a trabajar, sino por lo que significa el viaje, el tumulto, el stress de vivir en una ciudad y el stress de no querer salir de ella.
Mafalda creció hace practicamente 40 años; y sus angustias siguen siendo vigentes. También ella es de la ciudad y todo lo que le pasa me repercute tanto cuando la leo.
Es así que decidí leer su colección pero en intervalos, de apoquito. Es decir en estaciones; mientras me empujan o me pasan por arriba sin pedir permiso; yo sonrío sosteniendome como puedo (no de algún pasamanos, sino sosteniendome de Mafalda!).
Los dulces viajes terminaron esta semana, fueron casi 15 días maravillosos, en los que llegaba a mi escritorio con una sonrisa; con alguna reflexión revoloteando por mi cabeza. Ahora viajo de ida al trabajo y de regreso a casa con música; que llena pero de otro modo.
Hablando de esto con uno de mis hermanos, me decía con otras palabras, que lo malo de leer a Mafalda es haber probado ese néctar, volverse adicto y después años después reerla recordando casi absolutamente todo. Inmediatamente pensé en “Eterno resplendo de una mente sin recuerdos”; esa película la tengo de cabecera para cada situación dolorosa; pero en ese momento lo aplicaba para algo tan fantástico como las ocurrencias de Quino.
Ojalá pudiera viaja eternamente con ese dulce nuevo en mi cabeza!