Oct
02
    

Un buen hombre afilaba su cuchillo y en el momento en que su sonrisa mejor resplandecía; olvidó de que lado tenía el filo. Lo que tanto empeño le llevó se transformó en vez de orgullo, en un profundo dolor.
Vio salir con toda su saturación un rojo esplendor, por supuesto que aún transportaba lo mejor y lo peor de sí.
De pontro estaba en el estado inmovil, de no poder reponerse, vagando en el vacío y en su anemia. Talvez en ese microsegundo pudo imaginar o anticipar un pedacito de los síntomas que vendrían; pero se anticiparon a él. Con seguridad, sequedad y ardor cayó en el suelo. Cuando alguien horas después lo encontró; el en voz muy baja decía “juro que la vi salir, pero aún la siento dentro de mí”.