Después de la alta temperatura se dedicó a rankear los dolores más adversos
y encontró a uno de ellos en el hueco de la memoria.
Intentó eliminarlo, aprovechando la ayuda del delirio y el trástorno actual
pero la máquina se descompuso y solamente ha quedado ese último troyano.
Ha repasado en mil oportunidades los desenlaces posibles
y llegó a la conclusión que, tal como ha sucedido, fue lo mejor.
Ese golpe abrupto, al que categorizó vanamente con una gran cantidad de eufemismos, hoy le permite sanar y crecer.